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Atados con lazo negro



Por Francisco Gatell

@gatell49


La última vez que vi a la dirigencia opositora varguense, compartir un mensaje al unísono, monocromático y rítmicamente sincronizado fue hace casi año y medio, en enero de 2019.


La circunstancia era otra y la emoción también. En aquella oportunidad nos sentíamos eufóricos por estar a punto de alcanzar la libertad, hoy nos abruma la tristeza por la muerte de un compañero.


El fallecimiento de Will Rivas, quien fuese Coordinador Municipal del sector este de la región en Voluntad Popular, no es sino una tragedia.


Según el testimonio de algunos compañeros, Will tenía a su madre en cama, a su hermana enferma y se encontraba en situación de desempleo; aún así, era el responsable de surtir a sus familias de alimentos y medicinas. En esta Venezuela, con esta Pandemia.


Al parecer su sistema neurológico no soportó tanta presión y una subida de tensión le generó un ACV la noche del 6 de mayo. Fue trasladado al seguro de La Guaira donde no había médico; comenzó a convulsionar, pero tampoco había insumos ni medicinas y pasó toda la noche convulsionando. Cuando el médico llegó, ya era tarde.


Lamentable lo de Will. Terrible. Que descanse en paz.


Mis más sinceras condolencias a su familia, amigos y compañeros. Luchador constante y ejemplo de gallardía para ejercer el activismo incluso en las peores condiciones.


Se convierte él en el reflejo de lo que viven la mayoría de los venezolanos y nos hace mirar desde cerca la realidad a la que estamos expuestos por el simple hecho de permanecer en el país.


Sin embargo, si se puede sacar algo bueno de esto -es costumbre buscarle el lado positivo a todo. Es eso o perder la cordura-, me quedo con la reconfortante sensación de unidad que me dió al entrar en mis estados de WhatsApp y ver cómo toda la dirigencia regional compartía la misma imagen, en el mismo orden, bajo el mismo color: una foto de Will a la izquierda y una lazo negro a la derecha.



Vi decenas de dirigentes colocando la imagen, eran tantos que seguro había detractores, pero eso no importó.


No importó el blanco, el verde o el naranja; no importó la socialdemocracia, el liberalismo o el progresismo; no importó la izquierda o la derecha. Importó el respeto por el dolor ajeno y propio, la empatía por imaginarnos en esa situación y el valor por la vida.


Esa pequeñez, esa imagen, que al final no era sino la suma de muchas imágenes subidas espontáneamente de forma individual, sin una orden superior, como si los intereses individuales se hubiesen alineado con el interés colectivo; fue para mí una evidencia reveladora de que el sentido común no ha desaparecido por completo, de que hay objetivos que trascienden las barreras ideológicas y de que el derecho a la vida nos convoca a todos por igual.


La muerte de Will, lejos de desmoralizarnos debe motivarnos a trabajar más, a organizarnos más, a deponer las barreras y a esforzarnos por crear puentes, porque o nos unimos pronto y salimos de esto juntos o seguiremos cayendo por separado.

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